Contra Instagram

Por ahí leí que para escribir un libro en el siglo XXI se requiere un 3% de talento y un 97% de no dejarse distraer por Internet. Creo que esto no es exagerado. A menos que aquello en lo que estás trabajando sea remunerado o exista otra motivación de vida o muerte, es difícil que puedas dedicarte seriamente a proyectos creativos si para ello haz de competir con las más grandes, brillantes y malvadas corporaciones del mundo por tu tiempo. ¿Quién ganará? ¿Tú o Facebook?

Quiero apostar por ti, y por mí, pero para eso tendremos que adoptar medidas, ser rigurosas, y antes, en primer lugar, entender algunas cosas. Por ejemplo: Facebook Inc. es dueña de Instagram y de Whatsapp; probablemente, sabiéndolo o no, tú has estado trabajando para el holding desde hace varios años. Tu atención es su producto, eso es lo que producen y lo que venden. Tu atención a sus contenidos, sumada a mi atención y a la de casi todas las personas que conocemos, pasadas por máquinas que las estudian, aprenden, las categorizan y las reparten paquetizadas, a cambio de fortunas, a otras compañías que a su vez, a través de las mismas interfaces, nos venden cosas. Mercancías y servicios en el mejor de los casos; en el peor, ideas.

Hasta ahí todo bien.

El problema aparece después, cuando en vez de hacer lo que te habías propuesto, descubres que llevas una hora (¿o más? ¿quieres confesarlo?) moviendo el dedo índice de la mano derecha de arriba a abajo sobre la pantalla de tu dispositivo (i.e. haciendo scroll), sintiéndote miserable o al menos aturdida. Y te preguntas: ¿Por qué no hice lo que me había propuesto? ¿No lo deseaba, tal vez, lo suficiente? ¿Estoy deprimida? ¿Ya no deseo nada lo suficiente? ¿Qué me pasa? ¿Es un problema moral? ¿Llegué tarde a la repartija de fuerzas de voluntades? ¿Soy estúpida? ¿Soy débil? ¿Cuál es mi problema?

Te aseguro: el problema no eres tú, no está dentro tuyo, te excede. Es una pandemia peor que el Covid. Te están metiendo pasta base en la mamadera, y estás tratando de competir con herramientas precarias en contra de unos departamentos de manipulación del comportamiento del porte de una catedral. En estos departamentos trabajan algunos de los mejores neurocientíficos, psicólogos, expertos en marketing y programadores del mundo para que personas como tú o como yo no logremos nuestro objetivo de separar la vista de la pantalla. La fórmula en la que trabajan es muy parecida a la que hay detrás de la adicción a los videojuegos: esa que te haga sentir que estás avanzando hacia una meta, aunque bien sabemos que en realidad lo que estás haciendo se parece más a lo de un hámster en su rueda.

En el cerebro humano, esa sensación de estar avanzando produce un neurotransmisor llamado dopamina, la droga de la motivación. A diferencia de la seratonina (la droga del placer, un gozo flojo, que no nos invita a hacer nada porque para qué salir de un estado perfecto), la dopamina nos pone en movimiento, nos motiva a avanzar hacia un objetivo. Sea cual sea el objetivo; sea de quien sea el objetivo: tuyo o de Facebook.

La manera más primitiva de producir dopamina es caminando. Esto no lo digo yo, está en cualquier curso de introducción a las neurociencias. Basta con una vuelta a la manzana en la mañana para cargarse de motivación. Incluso elevar los ojos y fijarlos lejos produce dopamina en pequeñas cantidades. Estar expuestas de manera periódica a vistas panorámicas, a cielos generosos y horizontes lejanos, en vez de tener todo el día la vista secuestrada a 30 cm de distancia, es un lujo que puede cambiar aquello de lo que somos capaces. Todas estas cosas son atávicas, tienen un sentido evolutivo.

Pero no sólo caminando producen dopamina los seres humanos de hoy. Avanzar hacia cualquier objetivo puede llevarnos a este tipo particular de felicidad. Escribir dos páginas, por ejemplo. Cocinar un guiso. Borrar lo que sea de la check list. Pero nada puede competir con el derroche de dopamina que genera completar niveles en un juego tipo Candy Crush, que, a propósito, es de Facebook (quienes dicen que la marihuana afecta a la motivación, no conocen este tipo de jueguitos).

En cambio, los que saben el nivel de perjuicio que implica estar expuestos a la dopamina de este modo, los mismos que inventaron este monstruo posmoderno en Palo Alto, han imaginado formas de combatirlo para sí mismos y los suyos. De aquí y allá, he ido recogiendo los consejos que ahora comparto con ustedes.

  1. Comienza cada día caminando (un par de minutos es suficiente), sin lentes de sol. Y por favor, no lleves contigo el celular. El mundo no necesita fotos de tu barrio y la idea es que escuches tus propios pensamientos y mires a tu alrededor para variar.
  2. Haz detox de dopamina un día a la semana (sabat o domingat típicamente). Durante el detox, no te expongas a pantallas de ningún tipo, apaga tu computador y todos los aparatos electrónicos, evita el azúcar, los carbohidratos, la música, el sexo, el deporte y la masturbación. Si sabes meditar, medita. Si necesitas ponerte de acuerdo con alguien, hazlo el día antes, old school. No prendas el teléfono. Y, si renunciar a todo esto junto te parece muy difícil, empieza por desconectar los aparatos.
  3. Instala en tu computador y tus otros dispositivos programas que limitan el tiempo o los horarios que puedes pasar en ciertas aplicaciones. Hay muchos. Algunos simplemente te piden una clave numérica para entrar a la aplicación tóxica. No es nada mas que un pequeño estorbo, pero a través de pequeños estorbos, venceremos.
  4. Escoge: teléfono o computador. Luego, impide por completo el acceso a Facebook, Twitter, Instagram, Tik Tok, Whatsapp y tus jueguitos predilectos desde los demás dispositivos.
  5. Quita todas las notificaciones a todas las aplicaciones. Las notificaciones son el gancho por excelencia, la más malévola y obvia de las artimañas. Si crees que pondrás en peligro toda tu existencia por no tener notificaciones, deja sólo las de globito y evita todo push up.
  6. Pon la pantalla en blanco y negro, con luminosidad baja. Si tu teléfono no permite blanco y negro, seguro sí permite colores invertidos, lo que resulta igualmente poco atractivo.
  7. Borra todas las aplicaciones que puedas. Mete las redes sociales en una carpeta y esa carpeta guárdala en la última página de tu celular.
  8. Usa la técnica pomodoro para trabajar en tareas que requieran concentración. Puedes buscar información sobre esta técnica en Wikipedia. Consiste básicamente en 30 minutos de trabajo concentrado y 5 minutos de descanso. Sólo en esos cinco minutos puedes mirar el celular (o conectarse a internet si tu trabajo lo permite). Cada cierto tiempo deben introducirse descansos más largos.
  9. En los descansos, sal afuera y mira lejos. Aunque sea durante unos pocos segundos.
  10. Pierde el sentido del ridículo. Hay quienes toman medidas extremas como entregar el celular a los vecinos o dejarlo en el techo de la casa mientras trabajan. Todo vale.
  11. Si tu adicción es severa, está causando mermas importantes en tu vida y daño a aquellos a tu alrededor, deshazte de él y cómprate una almeja.

Pero antes de hacer esto procura tener claro por qué lo estás haciendo. Pon las cosas en una balanza. Evalúa con honestidad qué es lo que crees que te estás perdiendo cada vez que cierras la aplicación tóxica. ¿Información valiosa? ¿Amistad? ¿Influencia? ¿De qué tipo? Ahora piensa en lo que quisieras/podrías conseguir si recuperaras para ti el tiempo, pero sobre todo la motivación, que les estás regalando a los súperricos.

4 thoughts on “Contra Instagram

  1. Miau, están rudas las pantallas. Hay que esfrzarase concientemente por vivir nuestras vidas en lo que queremos vivirlas en lugar del scroll de mega corporaciones.

  2. Me encantó el artículo, hoy terminé de leerlo. Y si, adicciones severas como dices, jajaja. Yo abandoné FB, pero sigo atada a IG y TW; IG es como antes leer revistas de decoración, articulos de astrología, vida social, o sea mezcla estudio-cultura 60% – frivolidad y desperdicio 40%. De TW soy acérrima peleadora y activista por épocas, hoy estoy chantada hasta nuevo aviso, paso a leer en la mañana los titulares, como cuando una leía el diario y sería (porque noticias de la TV no veo). Eso, y si, detox cada vez que se pueda, Besos.

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