¿Estas ventanas pueden cerrarse de un clic?

Hace algún tiempo vengo leyendo los escritos de un sádico español en internet. Es un hombre realmente extraordinario, o al menos su personaje lo es. Extremadamente culto y refinado, escribe sobre filosofía, bioética, finanzas, música contemporánea, cine, literatura y sexo con la misma fluidez. Nos hemos escrito largas cartas exponiendo nuestros puntos de vista acerca de ciertos nudos de moral sexual. Nos recomendamos música y literatura. Pero de lo que quiero hablar ahora no es de sus cartas, espléndidas, sino de los escritos que expone en un foro creado por él mismo, en el que se dedica a relatar sus andanzas sexuales. Sin complacencias ni miramientos de ningún tipo, se ha descrito desde un principio como un hombre cruel, no interesado en absoluto en la complicidad erótica, si no únicamente en utilizar a sus víctimas para satisfacer sus infinitas ansias de tormento físico y emocional. Anita -así se hace llamar- sabe perfectamente que al leer sus crónicas afiebradas habrá mujeres -y hombres- que quieran probar su mano. Algunos querrán hacerlo porque su ansiedad sexual los ha llevado a buscar experiencias límite aún a costa de sus vidas. Otros, porque tienen una autoestima tan dañada que creen merecer el castigo y la humillación. También habrá quienes se hayan visto seducidos por la gracia y la inteligencia de Anita y quieran entregarse simplemente y por completo o involucrarse en una lucha de poder desafiándose a enamorarlo, reformarlo o lo que sea. No sé cuál será el caso de su nueva novia. Lo que si sé es que ella corre peligro. Si es que existe, digo, y si es que existe Anita. Si es así, ella podría morir cualquier día de estos, esta misma noche por ejemplo, asfixiada por las manos fuertes de mi amigo. Podría morir sumergida su cabeza en la tasa del baño, crucificada o desangrada a punta de golpes asesinos. Es muy probable que ella le haya dicho que “quiere llegar hasta el final”, que desea “entregarse por completo”, que está dispuesta a “poner su vida” en las manos de su Amo. Pero no es menos probable que sean éstas metáforas de lujuria -o de amor incluso- y que mi estimado Anita sea en cambio más bien partidario de la literalidad y el realismo en la expresión.
La realidad se nos escapa en este caso como en tantos. He pensado llamar a la INTERPOL o acudir a los cyberangels para que ellos se hagan cargo del criterio. ¿Pero qué les podría decir yo? ¿Que en algún rincón de España hay una pareja de sadomasoquistas desquiciados que consensuadamente han determinado “llegar hasta el final”? Ella es muy joven, es cierto, pero es mayor de edad. Hay algo que sé pero no soy capaz de explicar cómo. Sé que Anita, de existir, no se detendrá ante la posibilidad de matar o de morir. Imagino a un grupo de comando, aún con la furia de la guerra oriental, echando abajo la puerta del lujosísimo piso de mi amigo, para descubrir a un par de cuerpos dulcemente entrelazados (he visto muchos thrillers de dudosa calidad). O tal vez, un poco más tarde, encontrando a una joven anoréxica con el puño de su Amo metido hasta el intestino diciendo con un hilo de voz “no se preocupen, estoy muy bien”. Imagino a un oficial de la INTERPOL levantando una sonrisa a media asta y diciéndome “hasta ahora, señorita, el único delito está en sus ojos” (hay oficiales de la policía capaces de hablar así).
Creo que esperaré hasta leer en algún rincón estrambótico de la prensa dominical que una joven apareció muerta en un descampado con la cabeza rasurada y una estaca en el corazón. O a que el mismo Anita tranquilice mis nervios exaltados con un texto dedicado a la música de Arvo Pärt (tiene una enorme capacidad para los giros y coartadas). O simplemente cerraré la ventana, por cierto indiscreta, de un teclazo, y abriré la que da a mi jardín. Pero es muy probable que encuentre allí a mi hijo, disfrazado de batman, llevando a su hermana amarrada del cuello, y lo escuche decir con su voz dulce “esclava, métete a la piscina con ropa”. No. Si el delito lo llevo en la mirada, prefiero mirar lejos de aquí.

Agregar un comentario

Su dirección de correo no se hará público.