Poemas de amor

Mientras alegremente te diviertes -y te miro divertirte alegremente- se me van cayendo los pedazos. Se me caen las letras como lágrimas y voy quedando en ruinas. Algún día me visitarás como un turista que busca diversión. Pero, hijo de puta, no dudes de que te haré pagar la entrada.

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Un día te dije que sería tu esclava.
Me transformaste en un falso ídolo.
No supe corregir el error.
Y ahora te tengo a mis pies
sin saber qué hacer contigo.

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No hay otro. Sólo yo que me transformo y hablándome a mi misma me lo invento. Es mi propia mirada la que me tiene convertida en un gusano. Que se arrastra silencioso buscando un cuerpo al que arrimarse por un poco de calor. Y al arrastrarse va dejando sus huellas de esperanto.

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Aunque haga lo imposible por disimularlo, soy un monstruo horrendo, peludo y jorobado. Y si bien mi joroba se intuye y no se ve, ahí está, arruinando mis ansias de belleza, mis ansias de tus ojos deslizándose sobre mi húmeda belleza.

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Me voy de ti como se deja una ciudad en la que se ha soñado vivir. Vuelvo a mi casa deshabitada y proyecto en sus muros los recuerdos. En este show, tu cara se va desdibujando. Aparecen otras. No hay tragedia. Más que aquella cuya pasión y muerte olvido.

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Olvidamos cómo ponernos de frente.
Hoy,
de lado,
nos hacemos invisibles.
Nos tocamos la frente
para calcular la temperatura corporal.
Nada bueno puede surgir de tanta desconfianza.
(Yo desconfío de tus posibilidades; tú desconfías de mis intenciones.)

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Para rsoi, femenina y naif.

A los once años volví a nacer en un mundo sin dios. Desde entonces espero una mirada que me contenga como lo hizo aquella idea. Me entrego a esta ilusión sin remedio. Perderla sería como aceptar vivir suspendida en el vacío. Decir esto es como decir ‘ya que atea romántica e ilusa’. Cambiar de fe. Cobardemente rogar por una salida amorosa a este desastre.

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Mitad alcohol mitad sangre por mis venas, te voy rodeando ridícula y tambaleante. Te busco el baile. Quiero tus ojos en mi escote. Pero ellos insisten en los míos. Insisten con su sobriedad insoportable. Insisten en tajearme bisturí. En coserme adjetivos. En expulsarme. Yo, testaruda y borracha, insisto por mi lado en tu cintura, en tu abrazo y sus promesas, en la almohada de tus hombros donde quisiera dormir mi borrachera. Me vas odiando. Mis ojos nublados se niegan a mirar este dato más que de reojo. Pero por la mañana será la única sensación que permanezca.

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No sé cómo eres.
Sueño acercarme a ese nudo donde te imagino.
Sueño desatarlo lentamente con caricias y palabras.

Despierto antes de tener en mis manos la cuerda de ese cómo.
Astuta, despierto antes de haber abortado la ilusión.

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Toda superstición / creo que fuimos hechos juntos / desde una figura única / en el anteparaíso / yo de tu costilla / tú de mi lengua / ambos de una idea imperfecta / y así estuvimos por los tiempos / multiplicándonos lejos / perdidos / hasta que caí en ti por vez primera / hasta que caíste / hace mucho / la inquietud y la paz embriagáronse esa noche / hiciéronse añicos / acabaron besándose / lascivas / creo que hemos sido amantes a través de las infinitas reencarnaciones del símbolo / que viviremos juntos / uno en los brazos del otro / y así mismo moriremos / callados / apagándose tu mirada en la mía / mientras / te alojaré en la médula / en la espina / te cubriré con mi piel / te amarraré de mi pelo / dormirás en mi voz / despertaré en tus ojos / beberás de mi boca / te amaré te amaré te amaré / hasta volver del sueño / y más allá del sueño.

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