Notas para un manifiesto punk

A lo sobrio, lo recargado.
Recargar los atuendos: frente al imperativo de la sobriedad, adornarse como árboles de pascua.
Al buen gusto, el kitsch.Despreciar el buen gusto: éste no es más que la imposición del gusto propio por quienes tienen el poder de hacerlo.
A la uniformidad, la originalidad.Provocar la mirada: treinta años después, todavía nos damos vuelta en la calle para mirar a una pareja de punkies.
Al conformismo, la rebeldía.Desafiar: “Ni Dios. Ni Amo. Ni Patrón”.
A lo romántico, la cruel realidad.Caer en realidad: “No hay futuro”; entonces, “Veneno contra veneno”. La destrucción como último recurso utópico.
Al arribismo, la decadencia.Burlarse de los que escalan montañas de mierda: mientras las mayorías intentan ascender socialmente, más de alguna oveja negra de familia burguesa se ha identificado con esta estética de los hijos bastardos del proletariado.
A lo suave y redondeado, lo agresivo y filudo.Ponerse el parche antes de la herida: hacerse difíciles de amar. Porque no existen instrucciones para abrazar a un punk sin pincharse, para querer a un punk sin resultar herido.
A lo productivo, la vagancia.Renunciar antes de ser expulsado: el reverso del atuendo aceptado en una oficina. Marginación o automarginación del mundo laboral formal. Si hemos de ver la marginación del mundo laboral como causa o efecto depende del origen social del niño.
A la limpieza, la mugre.Llevar las manchas como quien lleva medallas de guerra: sudor, sangre, semen, barro, vino y vómito no deben ser subestimados.
A la pulcritud, el desorden.Intervenir el orden establecido: el desorden es un arma para aquellos a los que no les gusta cómo están ordenadas las cosas.
A lo nuevo, lo usado.No comprar: contra la estética de la moda de temporada, la prenda desechada.
A lo femenino, lo tosco.Cambiar las reglas del juego: ambigüedad sexual contra prototipos de género.
A lo masculino, lo ornamentado y ajustado.Coquetear con la obscenidad: exaltación de una sexualidad exuberante, indiscreta, desafiante.
Al punto medio, la radicalidad.Destruir y autodestruir: almas extremistas, miradas que matan y adolescentes muertos de sobredosis.
Al temor, la osadía.Travestir la vulnerabilidad en dureza: cambiar lugar de víctima por pose insolente.
A lo serio, lo cínico.Escapar de la lógica represiva: contestar preguntas insidiosas con muecas cínicas.
A lo funcional, lo disfuncional.Frente a la ética de la utilidad, no funcionar: el niño problema de la familia, la niña expulsada del liceo, el cesante, el vago, el alcohólico y drogadicto, el delincuente, el narcisista, antisocial o fronterizo. (Si bien es cierto que en otros momentos lo fueron, hoy en día los punks, por anacronismo, ni siquiera son funcionales al show business.)
A lo natural, lo artificial.Reaccionar contra el jipismo romántico: por ingenuos.
A la tradición, la vanguardia.Ser también un poco ingenuos: la eterna ilusión de hacer una diferencia.
A lo rural, lo urbano.Habitar cunetas, estacionamientos, esquinas y plazas: la rebeldía contra la naturaleza es burguesa o romántica, no punk.
A lo provinciano, lo cosmopolita.Desviar la mirada: mirar hacia Londres.
A lo local, lo globalizado.
Hacer de la resistencia al imperialismo una cultura transnacional: paradoja de una estética importada que defiende lo local.

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